MAR PLANAS

Redactora

Nos levantamos por la mañana convencidos de que hoy será el día: seguiremos la dieta, estudiaremos al salir de trabajar y luego iremos a entrenar.

Empezamos con un buen desayuno y nos vamos al trabajo. A media mañana nos traen cruasanes al trabajo. Decimos que no. Hoy estamos mentalizados.

El estrés en el trabajo es grande y nos tienta la opción de ir a hacer un menú al bar de abajo, en vez de comernos nuestro tupper. Pero vencemos.

Llegamos a casa cansados. Nos pondríamos a estudiar, pero antes nos echaremos la siesta. Ha sido un día duro, no nos concentraríamos.

La siesta se nos va de las manos. Nos despertamos demasiado tarde para ponernos a estudiar. Nos entretenemos con el móvil y haciendo cosas por casa. Ya es hora de cenar. Otro día más sin ir al gimnasio.

Una pizza rápida para cenar, que a estas alturas del día ya no nos quedan ánimos para ponernos a cocinar.

 

La teoría del agotamiento del ego

Historias como la de arriba nos son familiares. Más de lo que nos gustaría.

Nuestra capacidad para tomar buenas decisiones es limitada, al igual que nuestros recursos mentales y nuestra fuerza de voluntad. Según la teoría del agotamiento del ego, a medida que va pasando el día y nos vamos fatigando mentalmente, nuestra capacidad para tomar buenas decisiones se ve mermada.

De esta manera, a medida que tomamos decisiones, estas van perdiendo calidad y tendemos a tomar la decisión más fácil, la que menos esfuerzo nos supone.

 

Los rábanos y las galletas

En 1998, el psicólogo Roy Beumeister reunió a un grupo de personas en dos salas impregnadas con olor a galletas. A un grupo les invitó a comer rábanos y al otro, les ofreció las tentadoras galletas.

A continuación, se les presentó un rompecabezas complicado para resolver.

El grupo que había sido invitado a comer rábanos lo intentó intensamente durante un tiempo medio de 19 minutos. Los que comieron galletas, en 8 minutos ya se habían rendido.

Con este experimento, Beumeister quiso demostrar que la energía de la cual disponemos para realizar tareas que suponen cierto esfuerzo voluntario (resistirse a la tentación de pedir galletas o resolver un rompecabezas) es limitada. Por diferente que parezca el motivo del esfuerzo, demostró que todos nuestros esfuerzos (incluso los físicos y emocionales) se alimentan de un mismo fondo compartido de energía mental.

 

La mejor hora para ser juzgado

Tres psicólogos se propusieron estudiar qué factores afectaban a que un grupo de jueces decidieran otorgar la libertad condicional a un preso. Sorprendentemente, estos factores no tuvieron que ver con algo tan esperable como la gravedad del crimen ni siquiera por motivos tan deplorables como sus creencias o la raza.

Analizaron las sentencias que ocho jueces de Israel daban a las solicitudes de libertad condicional de miles de presos. Dedicaban poco tiempo a cada caso –unos 6 minutos- y lo hacían un caso tras otro, durante día enteros.

La denegación de la libertad condicional fue la decisión más común. Solo el 35% de las peticiones fueron aprobadas.

A primera hora de la mañana, el preso tenía un 65% de probabilidad de que se concediera su petición. Pero a medida que iba avanzando la mañana, esta probabilidad iba descendiendo hasta llegar a cero antes de comer.

Después de comer y de descansar, la probabilidad de las primeras decisiones de la tarde volvía a ser de un 65% de ser favorable. Y volvía a descender hasta llegar a ser cero de nuevo a última hora del día.

Parece ser que jueces cansados y hambrientos tienden también a tomar la decisión más fácil: dejar al preso en la cárcel y así asegurarse de que no reincida.

 

El camino a la “fuerza de voluntad”

El autocontrol y el esfuerzo cognitivo son formas de trabajo mental y este, como hemos visto, agota nuestra capacidad para tomar buenas decisiones o, al menos, darles la atención que merecen.

La fuerza de voluntad actúa como un músculo que se va fatigando a medida que trabaja, hasta llegar a un punto en el cual necesita descansar para poder volver a funcionar a pleno rendimiento. Este fenómeno se conoce también como “fatiga de decisión”.

Siempre se ha hablado de ganar fuerza de voluntad. Como hemos visto, agotamos constantemente la que ya tenemos. Liberarnos de situaciones y de tomas de decisiones prescindibles puede ser una gran estrategia para disponer de energía suficiente para tomar buenas decisiones cuando llegue el momento que realmente lo requiera.

Un conocido ejemplo es Steve Jobs que llevaba siempre la misma ropa para así evitar tener que tomar la decisión de qué ponerse a diario.

Podemos restar decisiones a nuestro día si nos dejamos cosas preparadas el día anterior: la ropa que nos vamos a poner, lo que vamos a comer, organizarnos las tareas que vamos a hacer…

Simplificamos nuestra vida con rutinas, haciendo las mismas cosas a la misma hora todos los días: comer, estudiar, ir a entrenar…

También es buena idea dejarnos aquello que más pereza nos da para primera hora de la mañana, cuando tenemos la fuerza de voluntad intacta.

Tomamos decisiones constantemente, incluso revisando los mensajes y notificaciones que nos han llegado. Coger el móvil cuanto más tarde posible nos deja frescos para otras tareas más importantes.

Mientras tenemos decisiones a medio tomar, no paramos de darles vueltas y de agotar nuestro ego. Debemos tomarlas cuanto antes para así quedar libres del pensamiento. Se ha visto que los seres humanos no necesitamos más de una hora para tomar una decisión.

Y lo mismo en las relaciones sociales: no dejemos respuestas pendientes ni posterguemos conversaciones incómodas.

Muchas decisiones que tomamos no nos importan demasiado y podría tomarlas alguien por nosotros: si te da igual qué pizza pedir en un restaurante con tus amigos, déjales que elijan ellos por ti.

 

Bibliografía

– Pensar rápido, pensar despacio. Daniel Kahneman.

– Ego Depletion: Is the active self a limited resource? Roy F. Baumeister, Ellen Bratslavsky, Mark Muraven, and Dianne M. Tice, 1997.

– Extraneous factors in judicial decisions. Shai Danziger, Jonathan Levav, and Liora Avnaim-Pesso.

 

Imágenes | iStock

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