DIEGO SORANDO

Redactor

 

Seguramente, en más de una ocasión, habremos oído la siguiente frase:

«…es que las personas prefieren tomar la pastilla antes que adoptar nuevos hábitos de vida o esforzarse por ellos mismos».

La depresión, a diferencia de lo que se cree, no es una enfermedad, es un síndrome que, dependiendo de la persona, puede tener distintos síntomas y ser totalmente opuestos.

Thomas Insel, que dirigió el Instituto Nacional de Salud Mental en EEUU, comentaba en 2011 que se estaba excediendo el uso de los medicamentos antidepresivos y que a muy pocas personas se les estaba dando atención psicológica. También explicaba que eran los segundos fármacos más vendidos después de los medicamentos para bajar el colesterol y que, el 80% de las recetas, no estaban prescritas por psiquiatras y se les facilitaban a personas sin un diagnóstico psiquiátrico específico.

Por otro lado, Peter Goztsche, publicaba varios estudios, entre los que concluía que estos fármacos no tenían efectos clínicos y que había una tasa de abandonos mayor con el fármaco que con el placebo. Respecto a los efectos secundarios de los antidepresivos, lejos de ser inocuos, aumentaban, tanto en jóvenes como adultos, el riesgo de suicidio y agresión, disfunción sexual y recaída.

A diferencia de lo que se cree, cuando se padece depresión (o cualquier trastorno psiquiátrico), no hay ningún desequilibrio químico ni déficit de neurotransmisores, por lo que de nada sirve tomar fármacos como los ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina).

Parafraseando a Peter Gotzsche en su libro “MEDICAMENTOS QUE MATAN Y CRIMEN ORGANIZADO”:

«Los psicofármacos no corrigen ningún desequilibrio químico. Al contrario, lo provocan. Es por eso que resulta tan difícil dejar de tomarlos. Si se toman durante más de unas semanas, estos fármacos crean la enfermedad que en principio tenían que combatir. Hemos convertido la esquizofrenia, el TDAH y la depresión (que en el pasado eran enfermedades que remitían espontáneamente) en trastornos crónicos por culpa de los fármacos que tomamos».

McHugh y colaboradores tenían como objetivo conocer si los pacientes que necesitaban tratamiento psiquiátrico, preferían el psicológico o farmacológico. Para ello, se seleccionaron 644 estudios, de los que, únicamente, tras recurrir a los métodos de inclusión y exclusión, se utilizaron 34 para extraer datos y obtener una conclusión. La gran mayoría de los estudios examinó los trastornos depresivos o de ansiedad, y una minoría contempló la salud mental de manera más amplia estudiando otras afecciones relacionadas.

Los 34 estudios incluyeron un total de 68.612 participantes, todos ellos diagnosticados de algún trastorno psiquiátrico específico o con síntomas subsindrómicos para un trastorno, a quienes se les había evaluado para conocer la preferencia del tratamiento (psicológico o farmacológico).

Lo que se observó fue que las probabilidades de que los pacientes eligiesen el tratamiento psicológico frente al farmacológico, eran 3 veces mayor, tal y como se expone en la figura 1, más abajo. Por último, sabemos que la predilección del paciente por el tratamiento, es importante para que haya una progresión y adherencia. Esta conclusión es algo que no podemos, de momento, extrapolar al mundo de la nutrición o ejercicio físico; pero antes de prejuzgar a la persona pensando que elige el camino más fácil, démosle toda la información posible y ayudémosle a cambiar sus hábitos diarios.

Sugerimos que, si se padece este trastorno, se trabaje con un profesional de la salud mental porque ningún psicofármaco va a curar nada, ya que no se trata de curar, sino de mejorar el estado de ánimo. También invitamos a que se haga ejercicio físico, puesto que todo aquello que aumente el tono hedónico, es, en principio, “antidepresivo”.

Figura 1. McHugh et al., 2013

Bibliografía

  1. Bielefeldt, A. Ø., Danborg, P. B., & Gøtzsche, P. C. (2016). Precursors to suicidality and violence on antidepressants: systematic review of trials in adult healthy volunteers. Journal of the Royal Society of Medicine, 109(10), 381-392.
  2. Danborg, P. B., Valdersdorf, M., & Gøtzsche, P. C. (2019). Long-term harms from previous use of selective serotonin reuptake inhibitors: A systematic review. International Journal of Risk & Safety in Medicine, 30(2), 59-71.
  3. Gøtzsche, P. C. (2020). Long-term use of antipsychotics and antidepressants is not evidence-based. International Journal of Risk & Safety in Medicine, (Preprint), 1-6.
  4. McHugh, R. K., Whitton, S. W., Peckham, A. D., Welge, J. A., & Otto, M. W. (2013). Patient preference for psychological vs. pharmacological treatment of psychiatric disorders: a meta-analytic review. The Journal of clinical psychiatry, 74(6), 595.
  5. Sharma, T., Guski, L. S., Freund, N., Meng, D. M., & Gøtzsche, P. C. (2019). Drop-out rates in placebo-controlled trials of antidepressant drugs: A systematic review and meta-analysis based on clinical study reports. International Journal of Risk & Safety in Medicine, 30(4), 217-232.

 

Imágenes | iStock

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