DIEGO SORANDO

Redactor

Breve historia de la prohibición del cannabis

En Egipto, el emir Soudun Sheikoumi, de 1378 a 1393, desaprobó el consumo de hachís, aun cuando se llevaba consumiendo desde el Imperio Antiguo. Esta inesperada prohibición despertó la curiosidad en algunos médicos franceses. Un ejemplo fue J. Moreau de Tours, que empleó el cáñamo como parte de la terapia en el hospital psiquiátrico de Bicètre. Hacia 1850, el doctor E. Whineray, expresa que «es una droga impura y tosca, cuyo uso está obviamente excluido de la terapia civilizada». Sin embargo, llamó la atención de algunos facultativos, la mínima toxicidad del fármaco. Ciertos farmacólogos, como los doctores Spivey o Wood, comentan que «el uso habitual de pequeñas cantidades…no parece ir en detrimento de la salud». V. Robinson, añade varias finalidades: afrodisiaco, antineurálgico, tranquilizante para los maníacos, antidepresivo, antihistérico, tónico cerebral, etc.

En 1894 se publica el informe de la  Indian Hemp Drugs Commission, en el que se concluye que el cáñamo en dosis moderadas puede ser beneficioso y considerarse medicinal. Con respecto a los efectos físicos, también se llega a la conclusión de que el uso moderado de las drogas del cáñamo no produce prácticamente ningún resultado nocivo. Con respecto a los alegados efectos mentales de estas drogas, se concluye que su uso moderado no produce ningún efecto perjudicial en la mente; no produce ninguna lesión mental. Por otro lado, su uso moderado tampoco parece causar ninguna lesión moral de ninguna especie. A la hora de repasar este Informe, los testimonios donde se exagera la nocividad de estas drogas vienen, en su mayoría, de clérigos y misioneros cristianos.

En 1910, un diputado por Vermont, apoyado por un informe lleno de estadísticas de poco fiar, presentó un proyecto con el fin de prohibir el uso no estrictamente médico de, entre otras sustancias, el cannabis, por mínimas que fuesen las cantidades. En marzo de 1911, el American Druggist and Pharmaceutical Record, anunció en primera página que se liquidaba ese proyecto.

Después de varias idas y venidas, en 1961 y 1971, se celebran la Convención Única sobre Estupefacientes y la Convención sobre Sustancias Psicotrópicas en las que se comprometen a limitar a fines médicos y científicos el uso, posesión y tráfico de estupefacientes como el cannabis y el THC, respectivamente.

Esto es lo que dice la literatura científica sobre el cannabis

La propaganda anticannabis (todo ello sin ningún tipo de evidencia en la que basar sus ideas), alrededor de los años 30, empezó a hacerse más evidente por personas como C. M. Goethe, líder del grupo Coalición Americana. De esa propaganda, nacieron mitos como que el consumo de cannabis generaba esquizofrenia o un aumento de la violencia.

Aunque sí es cierto que está bien establecido que entre las personas con esquizofrenia se consume más cannabis que en la población general, el problema viene cuando se confunde el factor de riesgo con causalidad inversa, y, es que, realmente, la esquizofrenia es un factor de riesgo para el consumo de cannabis, pues aquellas personas que tienen un espectro psicótico, tienen más probabilidades de experimentar con drogas. De hecho, tal y como se muestra en las dos figuras que hay más abajo, ha habido un aumento considerable de personas que consumen cannabis, pero no en la incidencia de esquizofrenia.

Figura 1. Tendencia en la incidencia, la prevalencia del período, el consumo de cannabis (Hickman et al., 2007).

Figura 2. Incidencia proyectada de esquizofrenia entre hombres y mujeres en Inglaterra y Gales (Hickman et al., 2007).

Con respecto a los estudios realizados sobre cannabis en personas con enfermedades neurológicas, se han obtenido muy buenos resultados en personas con enfermedad de Parkinson, tal y como se pueden ver en los estudios de Lotan et al. o Mainka et al., entre otros. Aunque hay estudios como el de Carroll et al., que concluyen que no hay diferencia entre placebo y cannabis, la metodología no es la más indicada, ya que se usan suplementos con una ratio elevada de THC:CBD.

Acerca de la esclerosis múltiple, parece que su tratamiento con cannabis proporciona mejores resultados que otros fármacos, como el Nabiximols. Otros estudios comentan los efectos positivos en la fatiga y memoria en personas que tienen esta enfermedad.

Por último, parece que el uso de cannabis no tiene efectos perjudiciales en personas que padecen epilepsia e, incluso, podría aportar algún beneficio.

Debido a que el cannabis es, actualmente, una sustancia ilícita en muchos países, los investigadores están enfocando actualmente sus trabajos en el aceite de CBD (y con más razón aún, tras ser aprobado por la FDA en 2018).

¿Qué es el aceite de CBD?

El CBD es un cannabinoide no psicoactivo de la planta herbácea Cannabis sativa. Entre sus efectos farmacológicos beneficiosos están las actividades analgésicas y antiinflamatorias, mediadas por la inhibición de la lipoxigenasa y ciclooxigenasa, ansiolíticas, antieméticas, neuroprotectoras y antipsicóticas.

¿Es útil suplementar con CBD a personas con patologías neurológicas?

Se sabe a ciencia cierta que, aunque el NNT (Number Needed To Treat) no es de 1, es decir, que no a todas las personas les va a ir bien, el cannabis puede llegar a ser útil en este tipo de patologías y que el aceite de CBD también lo es para otros objetivos como mejora del sueño, pérdida de grasa y para la reducción de la ansiedad.

Parkinson: En el estudio de Chagas et al., los participantes fueron sometidos durante una semana a evaluaciones psiquiátricas y neurológicas. Después fueron aleatorizados en 3 grupos distintos, a los cuales se les dieron o bien placebo o 75 mg o 300 mg de CBD, durante un período de 6 semanas. Se encontraron diferencias significativas en los resultados entre placebo y los 300 mg y entre los 75 mg y los 300 mg de CBD, de un cuestionario llamado PDQ-39, en el que se evalúa el funcionamiento y el bienestar del paciente. Aun así, no encontraron diferencias en los resultados de los cuestionarios UKU y UPDRS.

Crippa et al., en 2018, realizaron una revisión de los usos terapéuticos del CBD en los síntomas no motores y neuropsiquiátricos en la enfermedad de Parkinson. Aunque hacen falta más estudios, el CBD ha mostrado tener un efecto antipsicótico a través de la inhibición de la enzima FAAH y las subsecuentes activaciones de los receptores vanilloides TRPV1 y serotonina 5-HT1A. También se ha relacionado un uso del CBD con una mejora del insomnio y sus síntomas por, probablemente, su interacción con el receptor CB1. Con respecto a la mejora cognitiva, en pacientes con Parkinson, el CBD, de momento, no ha mostrado evidencias que se relacionen con su mejora. Por último, con respecto al dolor en estos pacientes, el CBD sí ha mostrado efectos analgésicos, aunque parece ser, que el THC tendría efectos mayores pero, debido a su impacto negativo en la cognición y coordinación motora, no es aconsejable su uso.  

Figura 3. Afecciones de la enfermedad de Parkinson no motora y sus posibles mecanismos relacionados (Crippa et al., 2019)

Esclerosis múltiple: Al igual que en la enfermedad de Parkinson, el CBD también ha mostrado tener efectos positivos en personas con esclerosis múltiple. Tal y como se ve en la imagen, el CBD parece que tiene un efecto disminuyendo la fatiga, dolor, inflamación, depresión y espasticidad, mejorando así la movilidad reducida de los pacientes. Aunque hay muy pocos estudios y, algunos de ellos investigan el CBD junto con el THC, parece ser que este tratamiento podría ayudar a enfermos de EM.

Figura 4. Impacto del CBD en la movilidad (Rudroff et al., 2018).

Parálisis cerebral: La evidencia que hay con respecto a la parálisis cerebral es menor que con las dos anteriores. Aun así, en el estudio de Libzon et al., se observó que a aquellos niños con parálisis cerebral a los que se les administraba una dosis de CBD:THC de 20:1, experimentaban una mejora del estreñimiento y distonía. El problema de este estudio es que no se analizan los resultados que pueden existir usando únicamente el CBD; pero al haber una ratio tan alta de CBD:THC, los resultados de próximos estudios son prometedores.

Epilepsia: Parece ser que la investigación del CBD en pacientes con epilepsia es la que más avanzada está de todas, junto con la enfermedad de Parkinson. ¿Qué nos dicen los estudios actualmente sobre el uso de CBD en estos pacientes? Los estudios más recientes han relacionado que un uso de entre unos 5-10mg/kg/día e incluso dosis que superan los 20mg/kg/día de CBD, sobre todo en los síndromes de Dravet y Lennox-Gastaut, podría tener un efecto positivo en la frecuencia de las convulsiones. El CBD parece también totalmente seguro, aunque en un pequeño porcentaje, pueden aparecer efectos secundarios leves.

Parece que la administración de CBD, en personas con trastornos como la depresión o la ansiedad y patologías neurológicas, es segura y con un mínimo riesgo de producir efectos secundarios. Aun así, hace falta avanzar más en este campo con el fin de aportar información de mayor calidad.

 

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